Hacía mucho tiempo que no participaba en una carrera popular pero el domingo pasado volví a patear por las calles de Alcalá para correr la legua cervantina.
Sin pensarlo mucho, me fui con los chicos y nos presentamos en la Plaza de Cervantes desde donde partía la prueba situándonos sin complejos en la línea de salida. Anteriormente ya se había disputado la media maratón con muchas caras conocidas.
Llega un momento en que te tomas las carreras de otra manera. Ahora más que nunca lo importante es participar sin mirar relojes ni tiempos, ni llevar todos esos instrumentos que llevan algunos corredores adheridos a sus extremidades. Corren otros tiempos y lo más importante es disfrutar de la prueba, del recorrido saludando a los conocidos que te encuentras por el camino y a mis amigas las cigüeñas, que observan a los corredores desde los altos campanarios.
Los tiempos han cambiado. No hace muchos años llevaba a mis hijos a las carreras y rápidamente iba corriendo hasta la línea de meta para ver como llegaban pero ahora la vida se ve desde otro prisma. Salgo con ellos en la salida y luego son ellos los que me esperan pacientemente en la línea de meta. Esta vez conseguí acabar la carrera.


