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29 junio, 2012

Ruth Beitia campeona de Europa.

El atletismo le debía una, una medalla al aire libre, el premio que se le resistía a pesar de haberse labrado un camino repleto de éxito. Ruth Beitia había cumplido los 33 años y atisbaba ya el final, fijado en Londres. Y ahí seguía, sin la dichosa medalla. Aunque había ganado seis en pista cubierta: dos (plata y bronce) en un Mundial y cuatro (tres platas y un bronce) en un Europeo. Pero llegó Helsinki, el Europeo al aire libre que muchos depreciaron. Y allí -ahora llueve, ahora luce el sol- atrapó su oportunidad y se coronó campeona.


Ruth Beitia se encontró una final sin rivales de postín. Del mismo modo que durante años topó con una generación plagada de estrellas: Blanka Vlasic, Tia Hellebaut, Kajsa Bergqvist... Pero aún así no fue sencillo. La noruega Tonje Angelsen, cuando la final ya había derivado en un mano a mano, saltó 1,97, su mejor marca de siempre, en el tercer intento. Le quedaba uno a la santanderina. Y no falló. Superó esa altura y obligó a la nórdica, con más nulos, a mejorar dos centímetros más su tope. Llegaron al tercer intento. Si Angelsen fallaba, Beitia sería campeona. La noruega saltaba y la española, como le ha enseñado la psicóloga Toñi Martos, dormitaba, ojos cerrados, cuerpo atletismo de lado sobre el sintético. El público le anunció que era la campeona en cuanto Angelsen derribó el listón sobre 1,99.

Mientras Ruth Beitia corría, feliz, por la pista del estadio olímpico, Ramón Torralbo, en Santander, daba otro tipo de saltos, de alegría por tantos años de dedicación. Porque su entrenador empezó a pulir a su alumna con 10 años, cuando Ruth, la pequeña de cinco hermanos, se acercaba por la colchoneta para ver a su hermano José (fue campeón de España juvenil en salto de altura). Entonces era corredora de cross, pero el flechazo con el listón fue instantáneo.

Crecieron juntos, 23 años uno al lado del otro. Primero la llevó a las finales júnior, luego se proclamó campeona de Europa sub'23 y a partir de ahí, las grandes medallas bajo techo y sus 17 récords de España, desde el 1,89 de 1998 a los imponentes 2,02 de 2007. Pero le faltaba algo. «Algún día nos tenía que tocar la suerte», exclama Torralbo. «Ella estaba convencida de hacerlo bien en Helsinki, pero el oro en su último Europeo... Ha llegado muy bien y creo que si hubiera necesitado el 1,99 lo hubiera saltado».

Pero queda una competición más, los Juegos Olímpicos. «Buf, eso ya sería impresionante. Queda un mes y tiene que trabajar duro porque allí tendrá que subir hasta los dos metros y necesita mejorar los parámetros de fuerza». No le falta razón, en Helsinki se logró el oro más accesible (1,97) desde Budapest 1998, cuando Monica Dinescu venció con la misma altura.

1 comentario:

Manuel dijo...

Viendo los resultados, esta atleta es la única que ha tenido un papel destacado, el resto de la expedición española tuvo una actuación bastante mediocre.