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11 julio, 2013

UNA DE MEDICOS

«Doctor, quiero hablar con usted. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra usted todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos y tranquilo, doctor». Y estas fueron sus ultimas palabras.
Imagino que a muchos les sonara esta conversación, que me sirve como introducción a esta entrada. Cuanto hay de ciencia y cuanto hay de destino, en nuestra curación. Cuando alguien cae enfermo y pone su salud en manos de un medico, debemos tener en cuenta muchos factores y muchos mas si nos atienden en la seguridad social.
Cuenta una leyenda urbana que un enfermo de cáncer terminal, acudió a la consulta de su oncólogo, a conocer los resultados de unas pruebas. 
El doctor con voz firme y sin dar muchos rodeos, le comunico la peor de las noticias: 
- lo que usted tiene es malo y no podemos hacer mucho. 
Después de un eterno silencio, el paciente con la voz entrecortada, le pregunto: 
- cuanto me queda?
- No podemos precisar, poco, 6 meses, 1 año, 2 años en el mejor de los casos.
- Que podemos hacer?
- Yo, le recomiendo que intente pensar lo menos posible en su enfermedad y me iría de vacaciones a Canarias mañana mismo, para disfrutar mientras pueda.
El paciente salió del hospital cabizbajo, se monto en su coche y se dirigió a su casa abstraído, sin pensar en nada.
Al día siguiente, se levanto como si nada hubiera ocurrido, se ducho, desayuno y salio a la calle, como hacia habitualmente cuando iba al trabajo, pero en lugar de entrar en el garaje a por su coche. cruzo la calle y entro en la agencia de viajes del barrio, después de ojear unos catálogos, compro una estancia de diez días en Canarias.
El destino, la naturaleza o un mal diagnostico, quiso que este hombre cada año por las mismas fechas disfrute de una magnifica y placentera estancia en las islas afortunadas, como homenaje a aquel medico.
Como consecuencia a aquellos días vividos y sus reflexiones, escribió un libro de autoayuda para personas que son diagnosticadas con esta terrible enfermedad. Su libro tuvo tanto éxito, que empezó a dar conferencias dirigidas a médicos, para que a través de su caso, mejoraran su atención y sobre todo que fueran muy prudentes a la hora de comunicar esta fatal noticia. Sus conferencias comienzan siempre con media hora de retraso y su ponencia empieza con esta frase: "A que jode, eeeh"
Nunca he podido averiguar si este caso es real, pero perfectamente podría serlo, yo he vivido una situación parecida y aunque no nos recomendaron un viaje a Canarias, afortunadamente también se equivocaron.


Podría escribir muchas anécdotas relacionadas con médicos, en primera o en tercera persona, pero serian casi tantas, como crónicas de carreras y esto al fin y al cabo es un blog de atletismo. 
Como epilogo a esta entrada os contare brevemente mi ultima experiencia:
Fue hace una semana, después de 2 meses de espera y varios intentos mas por errores administrativos, acudo a mi cita con un especialista, nada grave. Primero espero en recepción, donde me encuentro un mostrador vacío, al fondo una persona enfrente a un ordenador, estaba un poco lejos y no me salia gritar, ella tampoco hizo por girar la cabeza y mucho menos por preguntar. si necesitaba algo, a pesar de que era consciente de mi presencia. Pasaron 6, 8 ó 10 minutos y salieron de la trastienda dos personas corriendo, como apuradas, eran las 11 y cuarto y el hambre aprieta. -. Que desea señor? .- Tengo consulta .- Es la primera vez? .- Si .- Entonces tenemos que abrirle historia. Sobre por aquí, papel por allá. .- 2ª planta, consulta 214, Dtra. Grijalbo. Le doy las gracias y me dispongo a subir las escaleras. Me pego a la pared, para no chocar con una mujer que viene de frente por un estrecho pasillo. Me siento en un sillón y espero a que me llamen, la consulta tiene la puerta cerrada, es señal que hay un paciente dentro, después de 15 minutos empiezo a impacientarme. Las cosas están muy mal en el curro y he pedido muchos permisos últimamente, como he comentado antes, 4 en concreto, solo para recibir esta atención medica. Me levanto y empiezo a caminar inquieto de un lado para otro, leyendo todos los carteles de anuncios de la sala, en esto sale una persona de una habitación contigua y le pregunto: perdona llevan mucho retraso las consultas, tengo cita y me da apuro llamar a la puerta. A lo que me contestan .- No te preocupes, nosotros solemos tener la puerta abierta, cuando acaben salen a buscarte .- De acuerdo, gracias. Otros cinco minutos y no puedo mas, golpeo con los nudillos e intento abrir. La consulta esta cerrada con llave. Pienso -. Me he equivocado. Bajo a recepción y pregunto al del bocata. Perdone vengo de la consulta de la Dtra. Grijalbo y esta cerrada. Me puede decir si me he equivocado de consulta? No.- me responde muy seguro. Entonces por que esta cerrada? Donde esta la doctora? Eso no lo se, yo no controlo a los médicos, no le puedo decir, a lo mejor todavía no ha venido. Insisto, puede consultar su agenda por si acaso, por favor.- Ya le he dicho que no se, a lo mejor ha salido a desayunar. Veo que el buen samaritano se esta incomodando y decido subir otra vez, a ver si ha venido. Intento abrir, pero la consulta sigue cerrada. Las personas que están esperando para otras consultas, me miran y mueven sus cabezas, como diciendo no te alteres, es lo normal.
Unos minutos después, armado de paciencia, aparece una persona por el fondo del pasillo, se dirige hacia mi, abre la puerta de la consulta y sin dar los buenos días, me dice: Pase!!! 
Efectivamente, era la misma persona que me cruce en el pasillo, 25 minutos antes.
Para no aburriros mas, lo que ocurrió en la consulta, prefiero no detallarlo, solo os diré, que después de tres meses, muchos intentos y una larga espera, aquel sabio galeno que debía ayudarme a solucionar un problema, después de 15 minutos de apáticas preguntas, como conclusión me dijo.- Te voy a dar cita para después del verano, si no remiten solos los síntomas, empezamos tratamiento. Me sonó como a... "No me toques los cojones, que vengo de vendimiar. 
Para tranquilizaros y como dije al principio, menos mal que no era un problema grave. Un mal día lo tiene cualquiera.

Con esto no quiero decir que todos los médicos sean malos, como los curas, también los hay buenos, incluso muy buenos. Hace poco he sabido de un medico que tuvo que huir de su país por hacer publico un diagnostico. Para su desgracia, acertó de lleno. Era hijo y nieto de comunistas. Hasta ahí puedo leer.