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08 octubre, 2012

SERTRI - REENCUENTRO CON MIS FOBIAS


Hasta los más valientes, han conocido alguna vez el miedo, cuando este miedo es intenso y desproporcionado es denominado fobia. Esa sensación de pánico y angustia, la padecen algunas personas en determinadas situaciones y escenarios. Yo siendo muy pequeño, en el colegio y en el barrio jugábamos a una especie de juego, que se llamaba "a ropa, que hay poca", consistía en echarse encima de un tío que se había caído o le habían tirado previamente, uno gritaba "a ropa, que hay poca" y una avalancha de niños se te echaba encima, 10 ó 12. Ahí descubrí por primera vez la CLAUSTROFOBIA, esa sensación de que estamos encerrados y no podemos movernos, nos falta el aire y necesitamos salir a toda costa a un espacio abierto. Esta situación desagradable, me ha ocurrido también en ascensores que se paran accidentalmente y cuando me hacen una resonancia. Uno de los pensamientos que más me aterrorizan, es que me entierren vivo, he visto la escena en muchas películas y solo de pensarlo me pongo malo.
Otra de mis manías es el VERTIGO, no tengo mucha constancia de que lo experimentara en mi infancia, pero siendo mozo, trabaje de albañil y subirme a una azotea o un voladizo me daba pánico, visitando edificios altos, haciendo escalada y recientemente, lo mas exagerado, no puedo atravesar pasos peatonales elevados, esos que sirven para atravesar autopistas, me quedo bloqueado, paralizado.
Sirva esta introducción para explicaros un nuevo temor que he descubierto, no se como se llamara científicamente, yo lo he denominado, SINDROME TITANIC, fue ayer en el SERTRI, como sabéis yo no soy muy amigo del medio acuático, vengo a ser lo que denominamos de secano, el año pasado ya participe en esta prueba, pero las sensaciones fueron otras, el recorrido era mas corto y a dos vueltas, algo que te daba mas seguridad, la única sensación mala la tuve al enfundarme el neopreno, el olor de la goma y la presión, te hace sentirte embutido, como una morcilla de plástico, cosa que yo achaque a mi claustrofobia, otro momento desagradable fue la salida, cuando 100 nadadores salen al mismo tiempo, y te ves rodeado, montado y ultrajado, una sensación como de carpa, luchando por un mendrugo de pan, donde los manotazos y coces no tienen fin, esto me agobio bastante y con estos pensamientos, decidí poner este año remedio, por un lado, nadaría sin neopreno, prefiero pasar un poco de frío, que sentirme atrapado en un condón gigante. Lo de la salida estaba planeado, dejaría que todo el mundo saliera y cuando viera vía libre saldría yo tranquilamente, sin agobios. Así hice, se dio la salida y al rato lo hice yo, a mi bola. Ingenuo de mí, pensaba que con eso lo tenia todo hecho, pero entonces, cuando llevaba diez brazadas, me invadió otro pensamiento oscuro, que fría esta este agua, que turbia, no veo nada y la boya, donde coño esta la boya, que no llego, que no llego, donde esta la zodiac de los bomberos. Otra vez esa sensación de pánico, me falta el aire, me ahogo. La llegada a la primera boya fue un suplicio, una tortura, mi sensación era que no sabia nadar, no di, ni una brazada decente, sacaba la cabeza constantemente en busca de la boya, de la luz y de la zodiac. Entre tanto, a izquierda y a derecha, veia otros nadadores dispersados. En una mala coordinación, trague una bocanada de agua, fue el remate, me ahogaba de verdad, justo en ese momento aparecieron los nadadores del gorro morado, los que salían dos minutos después de nosotros, a toda esta angustia, se sumaba la vergüenza torera, encima voy a ser el hazmerreír del lago, me quería morir. En ese momento me acorde de las palabras de Queño, tranquilo que el lago no cubre. En un acto reflejo de supervivencia deje de nadar y me deje llevar hasta el fondo, efectivamente, a la altura del cuello los pies hacían fondo en un lecho marino de algas viscosas, este gesto me dio un momento de tranquilidad que me hizo afrontar con valentía el asalto a la segunda boya, mis brazadas seguían siendo técnicamente penosas, en ese trecho empecé a divisar algún gorro verde, esto quiere decir que a la mitad del recorrido me habían recortado 4 minutos. Llegar a la segunda boya fue un gran alivio, pero este alivio, se convirtió en ansiedad por llegar, incremente la cadencia de brazada, aunque más que brazadas eran manotazos al agua, menuda paliza le metí al lago. Crucé la cuarta y ultima boya y el cinturón de plomo se me aflojo y se fue al fondo de las negras aguas, los últimos cien metros fueron muy largos, pero cuando toque la rampa de salida del pantalán, me dije, me he salvado, gracias Dios mío!!! Empecé a correr, mas pensando en huir de aquel lugar, que de hacer una buena transición, entre el publico, oí una voz familiar, era Julio Varas, que me animaba y me decía.- Jorge va tercero!!! eso me devolvió de nuevo a la competición, llegue a boxes de puntillas, como pinchaban los chinorros que asomaban de la alfombra azul, llegue a la bici y me tome las cosas con tranquilidad, casco, calcetines, zapatillas y dorsal, creo que lo llevo todo, vamos Giro!!!
Queño paso por la transición un poco antes, justo cuando me estaba vistiendo, me aventajaba en 40 ó 50 segundos, el susto del agua no se me pasaba, todavía lo llevaba encima, me costo coger la pedalada, cuando empecé mi primera ascensión a Garabitas, me pareció ver el maillot de Queño a unos 300 metros, efectivamente, justo al finalizar la bajada, en la recta larga de meta, le pase y le dije, pégate, vamos a hacer grupetta, en un principio pensaba que se había pegado a mi, la verdad es que estaba tan centrado en dar pedales, que no mire en ningún momento para atrás, en la segunda subida a las pistas de tenis, vi que se iba quedando, empezaba a sentirme bien sobre la bici y el episodio del lago, estaba totalmente olvidado, la ultima vuelta me costo un poco y empecé a tirar de riñones, ultimo esfuerzo antes de la transición, aprendida la lección del año pasado, saque los pies de las calas y frene progresivamente, el año pasado me di un guarrazo por no sacar los pies a tiempo. Bueno, pensé, lo tengo hecho, voy a mi terreno, busque mi pasillo y mi dorsal, lo que debía haber sido un momento alegre, se torno en un momento decepcionante y de preocupación, la bici de Jorge no estaba colgada en su sitio. Otra vez el run-run, se habrá caído? Muy cabreado y sobrecogido, me calce las zapatillas y me puse a correr, deseando que no hubiera sido nada importante. Los primeros pasos fueron un suplicio y tuve que hacer equilibrios para no caerme al suelo, tenia las piernas totalmente agarrotadas y con unos dolores insufribles, veía como gente andando me pasaba y yo era incapaz de coger un ritmo competente, así, me tire la primera vuelta, al comenzar la segunda vi a Jorge entre el publico, lo que me dio un gran respiro, le pregunte: Que te ha pasado??? – La cadena!!! Otra vez el Curro Romero del triatlón, había vuelto a tener un mal día, pero en el fondo contento, de que estuviera bien. Parece que la noticia me dio un poco de alas y poco a poco fui cogiendo un ritmo mas decente, que incluso me permitió adelantar a algún corredor. Mire el peluco y deducí que no iba a cumplir con mi objetivo, entrar en 1:40. En todo esto, me había cruzado también con Queño unas cuantas veces, que iba unos 300 metros por detrás de mi. Ultimas curvas y recta de meta, el reloj marcaba 3:45, si salen bien las cuentas mi tiempo estará entre 1:45 – 1:46, entré como acostumbro últimamente, sin ningún tipo de alegría, solo con un sentimiento de alivio por el deber cumplido.
Los Varas (no es que sean pesados, es que se apellidan asi), también participaban y nos quedamos un ratito, a ver si los veíamos pasar, pero desistimos enseguida, el cansancio era muy grande y el cuerpo pedía descanso, Miguel, un poco mas tarde me informo, que Alex tampoco había acabado por un pinchazo, mala suerte para los dos, que seguro que en esta competición, donde el tuerto es el rey, habrían quedado bastante adelante, dejando un buen sabor de boca como cierre a la temporada. Que le vamos hacer, las bicicletas son así.
Por ultimo, tengo que decir, que la competición se desarrollo, mucho mas tranquila de lo que esperaba y esto se lo debemos a la buena organización de las tandas de salida que diseño la organización.
Esta seguramente, haya sido mi ultima participación en una competición con agua de por medio, los malos momentos vividos, no compensan los momentos de superación y placer que proporciona el deporte. MATAME CAMIÓN!!!